El acebo y la Navidad

La Navidad se acerca y con ella esa mágica época del año que nos devuelve a la niñez. Porque a quién no le gustan las luces que empiezan ya a deleitar nuestras miradas, los árboles, las guirnaldas, esa tan especial combinación de rojo y verde, las ramas de acebo que en coronas y desde la puerta de la entrada marcan el camino hacia la felicidad, o que conquistan las chimeneas de millones de hogares… La simbología de la Navidad ayuda a convertir las fiestas en la época preferida de millones de personas, y la planta del acebo juega un papel importante. Pero... ¿de dónde vienen todos esos símbolos navideños? ¿Desde cuándo es el acebo uno de los grandes protagonistas de las celebraciones?

El acebo (ilex aquifolium) es una planta longeva de más de cien años que puede llegar a alcanzar los diez metros de altura y que se caracteriza por sus perennes hojas verdes y su llamativo fruto rojo. Es frecuentemente confundido con el muérdago por su aspecto pero realmente no tienen nada que ver, siendo este último una planta parásita que crece en las ramas de los árboles. Si bien su uso más popular es cómo adorno navideño, esta especie arbustiva era ya utilizada en las culturas pre-cristianas en sus ritos de celebración por la llegada del solsticio de invierno, entre otras cosas.

¿CÓMO SE USABA EL ACEBO ANTIGUAMENTE?

El acebo es una planta que formó parte de las tradiciones de los pueblos antiguos, incluidas las celebraciones invernales. Hablamos de siglos y siglos de enseñanzas y sabiduría popular que, aún desconociendo de dónde provienen, siguen estando presentes hoy en nuestras hogares y en nuestras propias costumbres.

  • los celtas las incluían en sus ritos para que les protegieran de los seres malignos y les dieran suerte y prosperidad, ayudando al desarrollo interior.
  • los romanos usaban esta planta para adornar obsequios en las festividades saturnales y repartir prosperidad.
  • En los países alpinos, se consideraba un árbol sagrado al que se le atribuía atributos mágicos capaces de alejar a demonios, espíritus y duendes malignos. Además de protagonizar el solsticio de invierno, también protegían los cementerios.
  • En otras regiones se utilizaban sus hojas para limpiar la chimenea, el corazón de la casa donde la familia se reunía, con el fin de alejar los malos espíritus.
  • Incluso en la antigua Grecia el acebo tenía su hueco en la medicina popular, a pesar de su toxicidad para los humanos. El propio Aristóteles, hijo de médico, conocía sus cualidades curativas.
  • Con la llegada del cristianismo esta planta no perdió su papel en la tradición popular: sus frutos representaban la sangre de Cristo y las hojas, la corona de espinas.

El ACEBO Y LA NAVIDAD          

¿Cómo ha sobrevivido hasta nuestros días una tradición pagana con tanta implantación? Si tuviéramos que escoger algo que representase la Navidad en su totalidad, el acebo estaría entre las primeras imágenes que llegarían a nuestra mente. Su combinación perfecta de rojos y verdes y su asociación a la prosperidad, a la buena suerte y a la fertilidad hace que esta increíble planta esté presente en millones de hogares. Tal ha sido su uso y abuso, que actualmente se encuentra en peligro de extinción. En Europa está prohibido cortar acebos y si queremos tener uno que decore nuestro hogar, debemos comprar la planta o las semillas.

Pero… ¿quién se encargó de introducir el acebo en la tradición navideña? Muchos os imaginareis ya la respuesta… y así fue: ¡la Iglesia Católica! Sustituyendo al pagano muérdago, tradiciones antes paganas fueron conservadas por los nuevos cristianos y se mantuvo el uso del acebo como decoración en las festividades invernales. Así, costumbres tan insólitas como colocar acebo en la chimenea y en la puerta principal son cosas que aún hacemos, pero sin saber el significado de tales acciones…

¿Por qué se hacía antaño? Antiguamente la chimenea era considerada el corazón de la casa, un acogedor lugar en el que reunirse y compartir historias y leyendas abrigados por el cálido fuego. Pero como solía ocurrir entonces, también tenía un sentido más sobrenatural: era la puerta de entrada y salida de los espíritus, y debía limpiarse y protegerse para mantener alejados los malos espíritus. El instrumento mágico que ofrecía tal salvaguarda era el acebo, planta sagrada por su condición de perenne. Con esa misma intención se colgaban ramos de acebo en el umbral de las puertas, para proteger a los que vivían en su interior. 

Desde entonces, el acebo se ha convertido en uno de los objetos decorativos más representativos de la Navidad, junto a la flor de pascua, y el protagonista de centros de mesa y coronas. Si tienes pensado incluir esta planta entre tus decoraciones, no olvides que es tóxica. ¡Ten cuidado y colócala fuera del alcance de niños y animales!

El acebo y su importancia en la Navidad